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I ara seriosament: Alfred García i la salut mental

17 de febrer de 2021

(Publicat a www.esquire.com, 8 de febrer de 2021 per Gonzalo Cordero)
Espabílate. Es el mensaje de la nueva serie de Albert Espinosa para Movistar+ (el viernes 12 se estrenan los dos últimos episodios) y también de Alfred García en la canción que ha creado para esa ficción, con el mismo título, Los espabilados. A través de nuestra conversación con Alfred en nuestra sección Y ahora en serio, que puedes ver en el vídeo superior o leer más abajo, hemos comprendido el significado más profundo de la palabra espabilar. No tiene que ver con ser un listillo, no. Es un despertar. Un abrir los ojos, la mente y el corazón para abrazar la forma única, diferente y maravillosa que tiene cada persona de ubicarse en el mundo. De filtrar la realidad. Algo que está íntima y socialmente vinculado a la salud mental, el tema de fondo de esta charla.

Alfred cuenta que se espabiló un día muy concreto. El 14 de marzo de 2016. El día de su 19 cumpleaños. "Estaba pasando por una etapa de mucho trabajo, mucho estrés, y personalmente no era un momento bueno porque mi primo no estaba bien de salud. No llevaba una vida ordenada, mi mente iba muy acelerada y no cuidaba mi alimentación. A raíz de la muerte de mi primo, acabé en una depresión. Y el día de mi cumpleaños, sufrí un ataque de pánico a raíz de esa depresión que no sabía que estaba sufriendo y de la ansiedad que me provocaba. Fue una situación complicada, te sientes fuera de tu cuerpo… Me impactó".

¿Cómo saliste de ese agujero?

Con ayuda psicológica y neurológica, siempre consultando con buenos profesionales, pero también con otros suplementos esenciales como una dieta saludable. Parece un tópico pero es verdad: eliminar azúcares o grasas innecesarias hace que tu mente y tu cuerpo estén más equilibrados. Si no apartas esos aditivos que no te hacen falta no puedes llevar una vida sana y ordenada.

A raíz de ese shock, Alfred comenzó a interesarse por la psicología, por encontrar un camino que le permitiera "ser feliz cada día", uno de los mantras de Albert Espinosa. "Como dice Albert, la felicidad no existe, existe que cada día es único y puede pasar algo que te haga feliz. Yo decidí cambiar de vida, y lo hice de repente. Tuve la oportunidad de presentarme al casting de OT, dejando mi trabajo, mis estudios, mi pueblo, mis amigos. Porque lo quería era dedicarme a la música plenamente y llegar a un público más amplio para poder contar todo esto que estoy contando. La música es una herramienta transformadora. Por ejemplo, un proyecto como Los espabilados, que se ve en una plataforma tan grande como Movistar+ y que también ha comprado Disney, puede cambiar la vida de muchas personas que estén sufriendo una enfermedad mental, o prepararlos por si la sufren algún día y vean que no están solos. Cuando yo tuve depresión, no conocía a nadie que pasara por lo mismo… Pero, a la que pregunté, vi que todo el mundo había pasado por ansiedad, tenía un hermano bipolar o un amigo con esquizofrenia. ¿Por qué cuesta hablar de ello? Igual porque tenemos miedo a sentirnos diferentes, pero es que al final somos humanos y somos suficientes siendo humanos".

Dicho así es un poco fuerte pero ahí va: ¿la depresión te hizo mejor?

Sí, totalmente. El estar en un cuadro ansiodepresivo me ayudó a todo, a crecer como persona, a ser quien soy hoy. Si no lo hubiera sufrido, igual no me habría presentado a OT, igual sería alguien anónimo y seguiría tocando en el JazzSí Club de Barcelona, que no digo que sea mejor ni peor. Pero me gusta llegar a un público amplio con mi mensaje. Soy así gracias a haber pasado por una depresión. Porque empiezas a escuchar más a tu cuerpo y a no cometer errores porque ya no te la juegas a poder estar mal. Por eso hace un año y medio que no me tomo una cerveza o no tomo bebidas azucaradas. Y soy mucho más feliz. A mí me ha costado mucho, pero es bonito ser capaz de abrazar esos momentos. Quererse a uno mismo es la solución a todos los problemas. Es una frase tópica, pero nacemos solos y morimos solos. Y no sabemos a dónde vamos. Cuando tenía la depresión había sensaciones cercanas a la muerte, eso no lo he acabado de entender nunca, pero sientes que te vas a morir, que algo malo te va a pasar. Haber pasado eso es fantástico porque vives para el resto de tu vida.

Se pierde el miedo a…

Se pierde el miedo a la muerte, y eso es fantástico. Conoces esa verdad que pocos saben. Por eso estoy agradecido por haber pasado esa etapa mala, producida por haber querido ser el mejor. Que al final me ha llevado a ser el mejor, para mí, en algunos aspectos de mi vida. Pero eso de ser el mejor, ser el peor… Con ser tú es suficiente. Con abrazarte a ti mismo, tus rarezas, tus cosas buenas y malas. Suficiente. No hay que tener miedo a ser como eres, eso debería ser ilegal. También te tengo que decir que soy una persona profundamente espiritual por todo lo que he vivido. La depresión también me hizo descubrir una parte de mí que desconocía y que tiene mucho que ver con el alma, con lo irracional.

¿Cómo se cura o se combate ese estigma sobre la salud mental?

Hablar, caminar… Eso cura las heridas que a veces tenemos en las alas y que nos impiden volar. Las barreras mentales no deberían existir, y las físicas tampoco. Y la música puede ayudar a transformar el mundo en ese sentido. Muchas de las referencias que he tenido a lo largo de mi vida son personas que han ido cambiando su manera de hacer música y también su aspecto físico, transformando los géneros físicos, musicales, audiovisuales. Como Anohni, de Antony and the Johnsons, como David Bowie, que siempre ha sido una cosa muy andrógina que me ha llamado mucho la atención, como Arca o incluso como Michael Jackson. Anohni dice de él que es algo que no se ha acabado de entender porque su magia era que no estaba definido, era solo un entertainer, ni hombre ni mujer, ni negro ni blanco, simplemente Michael. Y eso es fantástico. Todos ellos me han marcado porque han transformado su manera de verse a sí mismos, a sí mismas. Es precioso poder elegir quién quieres ser, quién eres y a quién no ves en el espejo. Como en Man in the Mirror, la canción de Michael. Más allá del componente racial, habla también de verse en el espejo y no poder reconocerse. Creo que estamos en un momento muy bonito porque ya casi somos libres los unos con los otros para ver más allá de nuestro rostro, de quiénes somos.

¿A quién ves tú cuando te miras al espejo?

Bueno… Me sobra todo lo que llevo. Si todos fuésemos desnudos, sería más fácil. Desde hace un tiempo vivo entre la ciudad y el bosque, rodeado de naturaleza y animales, y soy más consciente de que estamos encerrados en nosotros mismos, en la marca de nuestra ropa, en cómo nos vestimos. Que a mí me encanta la moda, es un arte transformador, pero a veces me gustaría coger a mi amigo Alejandro Palomo, o a mis amigos de Aigo Studio que me han vestido hoy, y llevarles a una tribu africana para que estén en taparrabos. Sería un reportaje muy bonito (risas). Desnudos somos quienes somos y eso es suficiente: ser personas y fluir solo como almas.

¿Cómo está siendo tu desnudo emocional?

Las personas vamos cambiando. Yo he tenido y sigo teniendo muchas inseguridades, de hecho ahora mismo no estoy en mi mejor momento, la verdad. Es un momento de cambio. Crecer también es aprender a despedirse, no solo de otros o de una situación, sino también de nosotros mismos.

¿Y tu desnudo musical?

Ha habido muchos cambios en mi manera de crear, en mi percepción de la música. He trabajado con productores y músicos que nunca habría imaginado, he sacado a artistas que nunca habían sido productores pero confiaba en ellos para que dieran el paso… Ha sido un proceso de búsqueda, sónico, pero también un proceso de alquimia en cuanto al género en el que me siento representado. Seguramente los que han escuchado mi primer disco se sientan decepcionados con lo que voy a sacar, no como algo malo sino que quizá esperarán otra cosa. Pero los que esperan algo más de mí se van a sorprender y les va a gustar. Esto de no tener género es brutal. Ser una persona fluida también es algo en lo que me siento cómodo. Y así es también mi creación: muy fluida, para nada sólida.

¿Estás hablando de fluidez de género, también a nivel de identidad?

No te puedo responder a eso porque tampoco me he puesto a pensarlo. Es una cosa muy interesante que me ha llamado la atención siempre. Me parece bellísimo que a alguien le pueda pasar y pueda reconocerlo, que pueda ser él o ella, o que no se tenga que definir. No hay reglas. No hay reglas para el amor, más con el amor para uno mismo. Quiérete a ti mismo tal como seas hoy, tal como seas mañana o como eras ayer. Da igual.

Si te parece, dejamos la tierra y cogemos un cohete a tus universos creativos. ¿También son viajazos mentales?

Sí, tiene mucho de mental. Me gusta mucho jugar con las metáforas y crear esos mundos llenos de misticismo porque son cosas que llevo por dentro. Desde pequeño leo y veo piezas audiovisuales sobre mundos que no existen. Los que siempre nos hemos sentido apartados de la realidad, los de la última fila del concierto, los inadaptados, creamos mundos paralelos para sentirnos más seguros con nosotros mismos. Supongo que intento crear el mundo que me gustaría ver. O también son mundos que he sufrido por dentro y que saco hacia fuera, como una especie de catarsis. Como dice Alejandro Sanz, "el mundo fuera". Esa es la parte romántica, pero también hay una más racional: crear esos mundos no es gratis. El otro día vi un vídeo de Eduardo Casanova hablando sobre este tema. Necesitamos financiar nuestros mundos para que lleguen al puerto que queremos, y creo que en este país falta un poco de eso. Las realidades son muy pequeñas y a la vez son numerosísimas, y también reivindico que haya un apoyo inversor a esa creativida. Hace poco creé mi productora y he entendido que, sin dinero, no hay mundo que valga.


¿Serías capaz de describir qué pasa en tu cabeza cuando estás en proceso de creación?

¿Cómo bulle mi cabeza? ¡Uf! ¿Has visto el espectáculo Matacerdos de Albert Pla? Pues mi cabeza es un poco así. Una discusión constante conmigo mismo. Pero a veces también me abrazo. Abrazo mi rareza. Sobre todo cuando me sale una buena canción. Hay mucha gente que se levanta a las ocho de la mañana para componer; lo mío no es así. Puedo estar viendo la tele, paseando por un desierto o en el baño… Y me viene la canción. De arriba. Yo soy solo un simple transmisor porque ya me vienen hechas. No me refiero a que me las escriba otra persona, sino a que vienen de arriba. No tiene explicación lógica y ya sé que puede parecer mentira, pero es así. Es algo bastante místico, no tiene sentido… Y mejor que no lo tenga.


¿Has llegado a poner en riesgo tu cordura en esos momentos de introspección?

Peligra mi salud cuando estoy más de 19 horas en el ordenador creando una canción y no he comido. Es cierto que en estos tres años he crecido con una cámara delante. Yo paré más de un año porque necesitaba volver a mi vida normal para no volverme loco, y sacarme algunos aditivos que tenía a mi alrededor. Me apetecía que no me grabasen y que no me viese nadie. De hecho me hice cuatro viajes y no se enteró nadie, antes del covid estuve en una tribu de Brasil, el desierto de Antioquia…


Yo ahí te imaginaba con aditivos, hasta las cejas de peyote (risas).

¿De qué? No sé lo que es.

Eso lo dice todo.

Ah, sí, sé de qué va, pero no hablo de eso. Hablo de la pureza del momento. De ser suficiente con estar. Lo que decía es que también es un riesgo parar un año y pico, porque habrá gente que se vaya, que sienta que le has abandonado, que ya ha escuchado tanto tu disco que se ha aburrido… Así es la vida, amigo.

¿Los conciertos son momentos de locura máxima?

El otro día me habló Pablo López del síndrome de Stendhal, del bloqueo ante la belleza. Yo creo que me pasa durante los conciertos, por eso me cuesta acordarme después de qué ha pasado. Es un momento único en el que tienes el poder de transformar, en el que todo lo que pasa por tu cabeza es en directo. Mis giras son experiencias transformadoras. En la anterior evocábamos Marte con fuego, humo, el piano hecho de roca… Para la próxima estamos creando un espectáculo que no se ha visto en España ni en Europa: jugamos con una experiencia 3D que va a envolver todo el auditorio. No es una cosa barata pero para marcar la diferencia hay que arriesgar e invertir. No puedo avanzar mucho más pero tengo muchas cosas por sacar, también más allá de la música.


¿Intentamos acabar esta charla con una conclusión… fluida?

Es curioso porque me está viniendo a la cabeza otra canción de Albert Pla que define muy bien lo que pienso sobre todo esto que he dicho. [Empieza a tararear]

"Sálvese quien pueda,

sálvese quien pueda,

están cayendo bombas en Madrid.

Este es un mensaje,

que no tiene mensaje,

están cayendo bombas en Madrid"

Define muy bien lo que ahora mismo me pasa, es un mensaje que no tiene mensaje. Estoy cambiando, me digo y me contradigo según pasa el tiempo. Lo que voy diciendo son cosas que pienso, que voy a dejar de pensar o que aún no he pensado. Si alguien las puede coger al aire, que las utilice y las haga suyas… Me parece algo precioso el no tener miedo a amarse a uno mismo. De eso va la salud mental, ¿no?

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